domingo, 22 de enero de 2012

Antonio Palacios: Matador de toros

Por Javier Sesma
Antonio Palacios Rodrigo nació el 17 de enero de 1.930 en la localidad zaragozana de Manchones. Su padre, agricultor modesto, cambio pronto el agua de riego del Jiloca por la de la acequia Camarena del barrio zaragozano de Villamayor. España iniciaba su guerra incivil y Antonio tenía seis años. Mal panorama para un chaval que debía compartir manta y mantel con cinco hermanas y que odiaba la agricultura.
Antonio Palacios en su plaza
Le gustaba poco la escuela y mucho acompañar a su padre a las vaquillas y capeas de los pueblos de alrededor. Aquel espectáculo lo marcó para siempre y cuando tenía dieciséis años le dijo a sus padres que se marchaba de capeas a Salamanca por qué quería ser torero. Por poco lo matan.
Tozudo en su empeño, fue adquiriendo sus primeros conocimientos taurinos “haciendo tapia” en las ganaderías charras y aprendiendo de los toreros profesionales que tentaban en el ruedo. Pronto volvió a casa y consiguió verse anunciado en una becerrada sin muerte en Ateca en septiembre de 1948. No rebla en su empeño y, con veintidós años, se viste de luces el 17 de agosto de 1952 para lidiar una novillada sin picadores en Zaragoza, en la que sorprendió por su valor y buen hacer. La suerte estaba echada. El 15 de agosto de 1954 toreó en La Misericordia una novillada de Laureano Mariscal y obtuvo tal éxito que los asistentes al festejo lo llevaron en hombros hasta la mismísima Basílica del Pilar, hecho insólito en aquellas circunstancias. Pero no sería la única vez que Antonio hiciera tan triunfal recorrido. Debutó con picadores el 3 de octubre de ese mismo año en Zaragoza junto a un desconocido Fermín Murillo que, aunque zaragozano, había forjado su incipiente carrera en Barcelona. De nuevo entusiasmó a sus paisanos y, por segunda vez, fue llevado en volandas hasta el camarín de la Virgen. Toreó mucho en las temporadas siguientes, pero también “cobró” lo suyo; 13 cornadas -dos de ellas muy graves- en su etapa de novillero dan idea del precio que tuvo que pagar hasta que tomara la alternativa en Zaragoza el 13 de octubre de 1958 -este año se hubiera cumplido el 54 aniversario del evento- ante reses del Marqués de Villagodio, de sangre Santa Coloma, siendo Julio Aparicio su padrino y Gregorio Sánchez su testigo. La corrida no sirvió y sólo Antonio cortó una oreja en el toro de la ceremonia. Al año siguiente decide “hacer las Américas” y se anuncia en Quito (Ecuador) donde recibió la cornada más grave de su vida profesional. Aquello frenó en seco su carrera y en la temporada siguiente tan sólo se vistió de luces en una ocasión. ¡Lo que puede suponer una cornada a destiempo!. Él sabía que tenía que volver a encadilar de nuevo a los tendidos si quería recuperar el sitio perdido y pidió torear la corrida de Miura en la Feria del Pilar de 1960. Alternó con Joaquín Bernadó y Marcos de Celis en corrida transmitida por Televisión Española que, por primera vez, desplegaba sus cámaras en el coso de La Misericordia. Le cortó las dos orejas a su segundo y fue llevado, por tercera vez, a hombros hasta el Pilar. Pero no le sirvió de nada. Se rindió al año siguiente y se cortó la coleta, aburrido y con 28 cornadas en su cuerpo, en la plaza gerundense de San Feliú de Guixols el 24 de septiembre de 1963, con reses de Ucha Vázquez y Núñez Guerra y acompañado en el cartel por Emilio Redondo y “El Colombiano”.
Antonio Palacios toreó tan sólo cinco años como matador de toros, pero en ese tiempo dejó en la memoria de los aficionados su impronta de gran estoqueador y de torero valiente y honrado. Que no es poco. En aquellos años se anunció en plazas tan importantes como las de Madrid -donde cortó una oreja-, Barcelona -donde salió tres veces a hombros-, Sevilla, Córdoba o Arles y le tocó fajarse con figuras tan extraordinarias como Antonio Ordóñez, Pepe Luis Vázquez, Antonio Bienvenida, Luis Miguel Dominguín, Chamaco, Curro Romero, Diego Puerta o el propio Fermín Murillo y, claro, con toreros de esa calidad en frente, era prácticamente imposible llegar a mandar en el toreo. Aún toreó dos Festivales de ATADES después de retirado. En 1973 se organizó en Tarazona un festival en su honor y aquella circunstancia le animó a pedirle a Pedro Balañá, entonces empresario del coso zaragozano, que le permitiera vestirse de luces por última vez para despedirse de sus partidarios, pero el empresario catalán entendió que Antonio no estaba para torear de nuevo.
Una vez retirado de los ruedos, el Ayuntamiento le concedió un puesto de trabajo en el Teatro Principal, cumpliendo fielmente sus obligaciones hasta su jubilación definitiva.
El pasado sábado día 21 enero 2012 falleció en Zaragoza ante la consternación de familiares y amigos. Era el matador de toros más veterano de Aragón. Descanse en paz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario