martes, 24 de abril de 2012
Demetrio
Me llega la noticia y me quedo paralizado. Ha muerto Demetrio Aguirre Zubizarreta, picador de toros.
Ya no recuerdo cuando nos conocimos. Sería muy a principios de los ochenta. Un día, cuando yo vivía todavía en Tarazona, estaba devorando el libro de ganaderías de la Unión de Criadores de Toros de Lidia, memorizando hierros y sus procedencias, estudiándolos, cuando de pronto veo la ganadería de Julio Aguirre Ciriza (su padre). Al leer sus datos se me abrieron los ojos como platos. Estaba ubicada un poco más allá de Tudela. ¡Joder!
Por la tarde, hablando con Pedro Juan, un amigo con algo menos de afición a los toros que yo pero que tenía un seiscientos, comentamos el tema y decidimos hacer una excursión.
Sin avisar, tan a puerta fría como un testigo de Jehová en domingo, nos presentamos en la finca de los Aguirre. Con buena educación y mucha humildad (como nos enseñaban antes) nos plantamos allí.
Jarreaba como si aquel día se hubiese inventado la lluvia, así que nuestra visita se limitó a un corto paseo por la finca y mucho cafelito a cubierto. Aquel día ví muy de cerca un toro semental, olí su brutalidad a tan solo unos metros, centímetros diría, separados solo por un alambre de espino. Qué experiencia.
No sé por qué pero se creó una relación buena, nos caímos bien. Luego coincidíamos por esas plazas de Dios y seguíamos saludándonos.
Él ya estaba consolidándose como un picador con un gran futuro. Iba en la cuadrilla de Luis Miguel Campano, que por aquellas fechas mataba 50 novilladas al año. Sería el año '83 porque Campano tomó la alternativa en Madrid en el '84.
Aquella mañana, la del doctorado de Campano, coincidimos en Las Ventas. Demetrio vestía de dulce, con un traje gris marengo de chaqueta cruzada. Subimos al apartado charlando sobre el nudo en el estómago que tenía. Me dijo que por la tarde estrenaría una chaquetilla azul marino y oro.
La corrida de Bohórquez era preciosa. Antoñete le daba la alternativa en presencia de Emilio Muñoz. Cartelón.
Luego, por la tarde, Antoñete se lesionó en la muñeca (cómo no) y a Muñoz le pegó un toro un puntazo en el glúteo que lo metió p'adentro.
Campano se quedó con cuatro. Cada toro que saltaba era mejor que el anterior y Campano se iba haciendo más y más pequeño, más incapaz. En conjunto, la de Bohórquez fue premiada como la corrida mejor de aquel San Isidro. Campano lo acusó y Manolo Chopera, que era su apoderado, tomó nota.
Luego Demetrio se enroló en diversas cuadrillas con toreros de su zona: Palomar, Ramos, Aranda, El Tato o Raúl Zorita.
Poco después se adentró en un mundo dentro del mundo. Fue víctima de las drogas. Nos perdimos la pista. De vez en cuando te llegaban cables sobre su evolución. Los últimos eran esperanzadores, lo que me llenaba de alegría.
Ahora me llega el último y definitivo: ha muerto en Nicaragua y allí reposarán sus restos por voluntad propia. Se casó, tuvo un hijo, montó un negocio de ganado manso con el propósito de armar de nuevo su vida por enésima vez, en la esperanza de tomarla definitivamente por las riendas. Un infarto se lo ha llevado para siempre pero lo que el tiempo no borrará de mi memoria es su sonrisa pícara de rebelde y su forma de echar el palo para cazar en la pelota a los toros.
Demetrio pudo haber sido un picador de leyenda. Lo tuvo todo pero escogió lo que menos le convenía. Se ha ido joven aunque su recuerdo es ya lejano, tan distante como esa tierra –¡qué jodío, Nicaragua!– que ahora lo abraza para siempre.
Carmelo Moya
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Enhorabuena Carmelo, aquí te has roto, amigo, y eso transmite mucho arriba. El corazón habla.
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