sábado, 5 de marzo de 2011

También hay enanismo mental

Javier Sesma
Los primeros recuerdos que tengo de una plaza de toros son de un espectáculo cómico-taurino-musical donde intervenían, entre otros, una cuadrilla de enanitos toreros. Naturalmente, fui de la mano de mis dos abuelos. Recuerdo que me reí muchísimo con ellos.
No se les ve muy avergonzados
Ahora me entero de que nuestro Justicia de Aragón -a quien Dios guarde- ha informado a la Diputación Provincial de Zaragoza que "ha recibido una queja" en la que se le manifiesta una protesta por celebrarse en La Misericordia este tipo de espectáculos, en los que los asistentes "se mofaban" de los enanitos toreros, y que, por ello, pedía a ese organismo provincial que prohibiera en el próximo pliego de arrendamiento de la plaza, su programación en los carteles.
Después de salir de mi asombro, se me ocurren un montón de preguntas que me gustaría compartir con él y con cuantos lean estas líneas:
- Dice que ha recibido una queja, pero ¿de cuántas personas hablamos?, ¿de 1, de 100 o de 1000?. Si ha sido, como supongo, de un grupo minoritario podríamos preguntarnos con derecho ¿quiénes son ellos para prohibir -maldita palabra- un espectáculo que lleva perviviendo en paz muchísimos años y al que asisten, puntualmente y pagando una entrada carísima, unas 10.000 personas cada feria del Pilar?.
- Pregona la "necesidad de proteger y apoyar" a este colectivo; y yo me pregunto ¿cómo piensa hacerlo?, ¿mandándoles a todos al paro a costa del erario público y destrozando así su vida y su futuro?.
- También dice que se propone "evitar las fuertes embestidas o pisotones de los animales". Y qué esperaba este buen señor, ¡si son toreros!. Si hubieran querido una vida más plácida se hubieran hecho canónigos de la Catedral o Justicia de Aragón, pongo por caso. ¿Recuerda el respetable jurista, algún percance grave que haya provocado lesiones irreversibles en un enanito torero?.
- Acaba afirmando que "con ello se vulneran sus derechos básicos y la dignidad de estas personas" y vuelvo a preguntarme: ¿este señor o su gabinete, se han entrevistado, cara a cara, con alguno de ellos?. ¿Han llegado a escucharles con la mente y el corazón abiertos?. ¿Han tenido en cuenta sus sentimientos?. ¿Han analizado cómo será su futuro y el de sus familias, si consiguen llevar adelante su propuesta?. Seguro que no.
Si algún día dialogaran con ellos, se sorprenderían al escuchar lo que estos toreros opinan sobre su intento de hacerles desaparecer de las plazas de toros. Descubrirían, sin duda, que son muy felices. Que se sienten plenamente realizados siendo toreros. Que se ganan la vida holgada y dignamente cada temporada manteniendo con ello a sus familias. Que no quieren que nadie les “salve” de un tipo de vida elegido voluntariamente y con el que se sienten a gusto. Que se muestran muy satisfechos y orgullosos cuando ven a los niños -y a los mayores- reírse a mandíbula batiente con ellos y con lo que les hacen a las becerras, y que jamás han tenido la sensación de que dichos espectadores se ríen de ellos. Que toreando se sienten útiles de verdad y que jugándose el físico cada tarde, han conseguido el respeto y la admiración de sus familiares y amigos.
Don Fernando García Vicente, Justicia de Aragón, usted se ha equivocado. Esta vez "está tocando de oído" y el resultado de su interpretación nunca será música, sino el eco de lo que pregonan los intransigentes y sensibleros, que tratan de imponer su moral y sus sentimientos sin importarles un bledo el de los propios damnificados.
En este caso, el de los toreros pequeños.



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