Al conjunto de asistentes a un espectáculo taurino -o a cualquier otro evento de presencia colectiva- se le denomina: público. Este público se divide, a su vez, en espectadores y en aficionados.
En los toros los espectadores son la mayoría absoluta y lo único que pretenden es divertirse durante un par de horas a cambio de un dinero, que nunca es poco. Se manifiestan en función de lo que ven y sienten: aplauden si lo que se desarrolla en el ruedo les gusta, y pitan -menos de lo que debieran- si aquello les aburre.
Los aficionados, en cambio, van a los toros a emocionarse. Desde sus conocimientos técnicos -más o menos profundos- analizan más serenamente cuanto ocurre en la arena y luego hacen lo mismo: aplauden o pitan como el resto del público… pero con más criterio. Pero, ojo, recordemos que la fiesta se mantiene económicamente por los espectadores y no por los aficionados.
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| Público y aficionados |
La personalidad colectiva del público es muy variable, incluso dentro del mismo espectáculo. Puede montar una bronca monumental a un torero en el primer toro de la corrida -o a un ganadero, o a un presidente o al director de la banda de música si se tercia- y una hora más tarde llevárselo a hombros hasta el hotel. Esta reacción no es un síntoma de papanatismo o de ignorancia, si no de generosidad y de ecuanimidad. Juzgan lo que ocurre en el ruedo, momento a momento, sin recordar lo que aconteció en el toro anterior, sea para bien o para mal. Igual que un maestro corrige y valora objetivamente el examen de un alumno, sin tener en cuenta cómo realizó el examen anterior.
Los espectadores que asisten a un festejo taurino no pretenden tener responsabilidad alguna en el desarrollo del espectáculo. Vienen, pagan, se divierten o se aburren y se van. Pero éste no es el caso de los aficionados. Los buenos aficionados sí tienen una gran responsabilidad dentro del coso, máxime siendo como la nuestra una plaza de primera. En muchas ocasiones, cuando la faena se ha desarrollado de forma confusa para los no iniciados, los espectadores buscan en los tendidos a esos aficionados de “pata negra” y observan interesados sus reacciones taurinas, para imitarles. De ahí lo de la responsabilidad. Los aficionados no deberían permanecer pasivos en los tendidos y sería necesario que se manifestaran en cada momento de la lidia, para que su actitud sirviera de orientación a los no entendidos. Pero, eso sí, con exquisita educación en sus ademanes, porque eso… también lo imitan.

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